Tenía la cabeza en las nubes. Le
daba igual el frío, el viento, la lluvia. Dios, le daba igual todo. El aire le
sobra. Le sobra hasta su nombre.
Cuántas cosas se podían decir de
él y al mismo tiempo nadie sabía nada. Era su misterio el que atraía ojos
curiosos y miradas perdidas. Cómo ordenaba su pelo, tomaba notas en su caótica
cabeza y te miraba a los ojos, diciéndote todo, sin emitir sonido alguno.
Debía saber que le miraban. Cómo
no iba a saberlo. No se le notaba.
Primavera
Salía el Sol, empezaba el día.
Empezaban a oírse las primeras notas de los gorriones, o del pájaro más
madrugador. Me sentía adolescente otra vez. Ni recordaba la última vez que había vuelto tan tarde a casa, o tan pronto.
Me perseguía una musiquita en mi cabeza, andaba como bailando. El vals de la
mañana. Los pies cansados, el vestido arrugado, los ojos entreabiertos y ni
rastro del carmín rojo que me había puesto con tanto esmero unas horas antes; pero
me sentía como una princesa, dando
pasitos voladores y con la cabeza en las nubes. Nubes compartidas.
Él fuma en pipa. Él escribe en
el aire. Él no sabe fumar. No le gusta fumar. Le gusta el humo. Las nubes. Allí
se pierde. Se pierde el aire.
Verano
Tu habitación es blanca. Tus
suelos de madera, que crujen sin previo aviso mientras me besas. Cortinas
blancas, de techo a suelo. Podría vivir un gigante bajo tu tejado. Más madera,
más blanco, tu cama, desecha en el suelo, al lado de tu ventana, de tu balcón, de
tu jazmín, de su olor. Tu cuerpo, líneas perfectas desde tus cejas hasta tu tobillo.
Esos colmillos. Tu sonrisa tímida mientras miras al colchón al que hemos
intimidado durante esa noche de verano. Esa risa, esos mordisquitos, esos
murmullos en mi oreja. Estas con las piernas cruzadas. Enfrente de mi,
desnudo, vulnerable, indescriptiblemente precioso. Se te marca la clavícula, no
sabes como me gusta eso. Estás delgado, lo suficiente para que se te marque tu
anatomía, como si estuvieses dibujado, perfectamente imperfecto. Se van
apagando las velas. La luz naranja se cuela en las cortinas. Te tumbas. Me
quieres. Siento tu respiración, tu cuerpo templado, como se elevan tus grados
cuanto más tiempo me rodeas con tus brazos. Hace ese frío de las mañanas de
verano. Lo guardamos para cuando empiece el calor. Paro el tiempo. Me duermo en
mi sueño.

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