miércoles, 20 de abril de 2016

Tus Nubes en mi Cabeza



Invierno

Tenía la cabeza en las nubes. Le daba igual el frío, el viento, la lluvia. Dios, le daba igual todo. El aire le sobra. Le sobra hasta su nombre.

Cuántas cosas se podían decir de él y al mismo tiempo nadie sabía nada. Era su misterio el que atraía ojos curiosos y miradas perdidas. Cómo ordenaba su pelo, tomaba notas en su caótica cabeza y te miraba a los ojos, diciéndote todo, sin emitir sonido alguno.

Debía saber que le miraban. Cómo no iba a saberlo. No se le notaba.

Primavera

Salía el Sol, empezaba el día. Empezaban a oírse las primeras notas de los gorriones, o del pájaro más madrugador. Me sentía adolescente otra vez. Ni recordaba la última vez que  había vuelto tan tarde a casa, o tan pronto. Me perseguía una musiquita en mi cabeza, andaba como bailando. El vals de la mañana. Los pies cansados, el vestido arrugado, los ojos entreabiertos y ni rastro del carmín rojo que me había puesto con tanto esmero unas horas antes; pero me sentía como una  princesa, dando pasitos voladores y con la cabeza en las nubes. Nubes compartidas.

Él fuma en pipa. Él escribe en el aire. Él no sabe fumar. No le gusta fumar. Le gusta el humo. Las nubes. Allí se pierde. Se pierde el aire.

Verano


Tu habitación es blanca. Tus suelos de madera, que crujen sin previo aviso mientras me besas. Cortinas blancas, de techo a suelo. Podría vivir un gigante bajo tu tejado. Más madera, más blanco, tu cama, desecha en el suelo, al lado de tu ventana, de tu balcón, de tu jazmín, de su olor. Tu cuerpo, líneas perfectas desde tus cejas hasta tu tobillo. Esos colmillos. Tu sonrisa tímida mientras miras al colchón al que hemos intimidado durante esa noche de verano. Esa risa, esos mordisquitos, esos murmullos en mi oreja. Estas con las piernas cruzadas. Enfrente de mi, desnudo, vulnerable, indescriptiblemente precioso. Se te marca la clavícula, no sabes como me gusta eso. Estás delgado, lo suficiente para que se te marque tu anatomía, como si estuvieses dibujado, perfectamente imperfecto. Se van apagando las velas. La luz naranja se cuela en las cortinas. Te tumbas. Me quieres. Siento tu respiración, tu cuerpo templado, como se elevan tus grados cuanto más tiempo me rodeas con tus brazos. Hace ese frío de las mañanas de verano. Lo guardamos para cuando empiece el calor. Paro el tiempo. Me duermo en mi sueño.

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